XXXVII Crackeando almas

No presté demasiada atención al mensaje que había en el teléfono, tenía en mis manos el mísero papel sentenciándome. Mis ojos recorrían cada línea del puto resultado del exámen... REACTIVO decía... eso me sentenciaba y los ojos se me llenaban de lágrimas. Pensé en Romina y era peor, todo se confundía y se me presentaba tan crudo frente a mí. La amaba y era tan difícil pensarlo. Me sequé las lágrimas, tomé el arma, un revólver corto, salí cerrando la puerta sin convicción. Pensaba que con mi suerte algún cana rabioso me detuviera y me metiera preso, sólo debía llegar hasta ella, luego ya nada tendría sentido para mí. Las calles se disolvían lánguidamente bajo mis pasos largos y enérgicos. Llegué hasta el edificio, toqué el timbre, la voz de Romina se escuchó por el portero eléctrico y la
chicharra me indicó la apertura de la puerta. Debía cambiar mi cara, mi ánimo, Romina no debía sospechar nada. Muté. Romina abrió la puerta y me besó sonriendo y sonreí (sintiendo un dolor desgarrador por dentro) No hablamos mucho, sólo sonreímos mientras ella iba de un lado a otro al ritmo de la música armoniosa de Björk. Luego de un rato de lucha interna y mi mano tomando el revólver dentro del bolsillo de la campera muté nuevamente. Seriamente le pregunté:
Hace cuánto lo sabés
¿Qué, no entiendo?
El resultado del test me dio positivo, soy seropositivo Romina. ¿Hace cuánto lo sabés?
No sé de qué me hablás.
No te hagás la pelotuda, la única manera de contagiarme que tuve fue por intermedio tuyo. ¿Hace cuánto lo sabés?
¿De qué me hablás?
¡Vamos, mujer, no me vas a decir que no sabías que tenías HIV!
¿no entiendo, Marcelo?
¡Hija de puta! ¡Me decís que no lo sabías! ¿Hace cuánto lo sabés?
¡Ocho meses! ¡¿Eso querías escuchar?!
¡¿Y por qué no me lo dijiste?! Ahora estoy infectado como vos. Yo te amaba Romina, ¿por qué me hiciste esto?
Yo también te amo, Marcelo...
¡La concha de tu madre! ¿Si me amás por qué no me lo dijiste?
No me culpes...
¿Qué no te culpe? ¡Sos una hija de puta, ahora estoy condenado!
¿Y yo no?
¡Ahora estamos condenados!
Estamos, pero hay tratamientos y...
La puta que te parió, voy a acabar con esto...
No quería enfrentarlo sola, pensé que así tal vez...
¿Lo hiciste a propósito?
No.
Pero lo sabías.
Si.
Entonces fue algo consciente... Yo te amo, pero acá termina todo.
Luego saqué el revólver y le apunté, lloró, mis lágrimas también rodaban, disparé, disparé varias veces hasta darme cuenta de que ya no tenía balas y que el cuerpo de Romina estaba desparramado sobre la alfombra tiñéndose de rojo. Salí de allí no pudiendo entender nada: la había asesinado. En la esquina tiré el arma en un basurero, casi corrí escapando de aquello, escapando de lo que había hecho...
Al llegar del trabajo subí en el ascensor pensando en mi chiquita y en la sorpresa que le estaba preparando, pero cuando abrí la puerta la vi allí en el suelo sangrando. La abracé, grité, intenté llamar... ¿a quién?... de pronto un vecino se acercó, también el portero, luego la policía, luego el dolor desgarrador de una madre a quien le asesinaron a su hija... ¿por qué? ¿quién? El dolor me desgarró el alma.
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